
Lo normal cuando llegamos a El Puntal es aparcar en el puerto deportivo y contemplar los inmaculados mini yates que allí se refugian. Sin embargo unos metros más atrás, justo en la curva de entrada, hay un pequeño camino que nos lleva a otro pequeño puerto. Aquí no encontraremos cuidados pantalanes ni accesos no permitidos. Aquí puedes pasear sobre la arena esquivando las pequeñas barcas azules y blancas.
Claudia y Carmen llamaron mi atención al principio. Luego ví a Requexin. Y más tarde, con un elegante y cadencioso movimiento, apareció Hera.
Por una vez había abandonado el Olimpo y dejado colgado a su hermano -y marido legítimo- Zeús, más preocupado en enrollarse con hermosas mortales. Celosa y vengativa Hera buscaba un mortal que desplegase sus velas y me encontró a mí. Vulgar paparazzi de domingo incapaz de soltar amarras.













